REFLEXION: PRESENCIA DE SATANAS EN EL MUNDO MODERNO (AUDIO-MP3)



La Ciencia, de manera mas o menos sistemática, niega la existencia de Dios, o incluso se atreven a afirmar que Dios ha muerto, mientras que el Diablo aprovecha esto para atrapar más y más incautos, pues usa esa "protección" que la "Ciencia" y otros de sus secuaces le dan, para trabajar con mayor eficacia.

Además, deformada por la creencia popular, la literatura efectista y el cine de masas, la actividad diabólica es, para la fe católica, una realidad y un desafío constante que debemos enfrentar. ¿Cómo y bajo qué forma el demonio y sus secuaces procuran nuestra perdición?

¿Que es la posesión, la tentación y la infestación y la obsesión? Con estas consideraciones abrimos una temática apasionante, esbozada en su sobrecogedora generalidad.


Aquí te presento la primera parte de una serie de varias reflexiones que poco a poco iremos agregando, sobre el mismo tema.



La realidad cruda de los demonios, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas (Un texto preconciliar de Monseñor Cristiani).

Capítulo: PRESENCIA DE SATANAS EN EL MUNDO MODERNO.

1.- ¿Cuál es nuestro punto de partida? Después de los muchos relatos que hemos hecho, tanto de casos de infestación diabólica, cuanto de casos de posesión, estamos en la situación de rechazar ciertas aseveraciones que han pretendido pasar por “científicas”. No hace mucho tiempo, era mal visto creer en la existencia real del demonio y en su acción en el mundo. Daremos un ejemplo típico de los desprecios de lo que se llama “la ciencia” con respecto a las enseñanzas de la Teología religiosa, nada más importante –como vamos a verlo- pero en nuestra opinión nada más estrecho y más falso.

Un médico –el doctor Legué- publicó en 1884 un libro intitulado “Urbain Grandier y las posesas de Loudum” y no vaciló en proclamar en forma perentoria.

La ciencia ha sacudido hoy en día el yugo de la Teología, no admiten en recurrir a las influencias diabólicas o divinas. Hace ya mucho tiempo que maestros ilustres estudian esas singulares afecciones nueropáticas que pasaban antaño como enfermedades sobrenaturales. Gracias a sus trabajos, a la impulsión que ellos han dado a las investigaciones contemporáneas, Satán “el ser imaginario” ha desaparecido completamente.; el campo pertenece sin discusión a la “realidad científica”. Los “histéricos” como todos los otros enfermos, son “cosas del médico” y no del Sacerdote o del monje exorcista. Hasta aquí este autor.

Pero la opinión del doctor Legué no es ya la de todos los médicos. Un siquiatra de renombre –el profesor Jean Lermit muerto en 1959- emitió un pensamiento muy diferente en la revista “Ecclesia” bajo el título sugestivo “Los posesos ¿son locos?” escribe categóricamente: “por más que el espíritu científico y crítico haya disipado muchas nubes y arruinado innumerables mitos, no es menos cierto que en nuestro mundo moderno, el número de posesos demoníacos es considerable, y fundo esta afirmación sobre una larga experiencia personal”.

Está -pues- permitido creer en el Diablo, creer en las infestaciones, creer en los hechos de posesión sin que la ciencia más exigente tenga porqué elevar una objeción.

Para un católico Satán es “Alguien”, Satán no es una abstracción, una invención imaginaria, un personaje de ficción, un artificio de novela. Satán no es tampoco el nombre mítico puesto por la ignorancia a enfermedades nerviosas, que solo tienen que ver con la medicina y nada tiene que ver con la Teología. Pero, no lo olvidemos, los hechos espectaculares que hemos presentado no son lo esencial de la acción del Demonio entre los hombres.

Podemos comparar los hechos de posesión a manifestaciones análogas en sentido contrario a las Apariciones de la Virgen o de los Santos; estas apariciones tienen su razón de ser para sacudir las almas y reavivar la fe, pero la acción de Dios, de la Virgen y de los Santos, su acción íntima, profunda, cotidiana –o por decirlo mejor: incesante por la Gracia- es infinitamente más importante. Igualmente el hecho de la presencia de Satán en las Instituciones, en las costumbres, en la vida humana individual, familiar, nacional e internacional, tal como querríamos tratar de describirla, es una cosa mucho más vasta, más grave, más temible para todos nosotros.

Que una pobre mujer sea poseída y que esté sometida por el Demonio a toda suerte de bromas groseras del estilo de las que acabamos de escuchar, es muy afligente para ella, y muy impresionante para nosotros, pero que Naciones enteras estén –en cierto modo- bajo el yugo del demonio a punto de sufrir una especie de posesión colectiva, como parece indudablemente que ocurre ante nuestros ojos, es infinitamente más aterrador, y eso puede tener consecuencias temibles de otra manera.



NUESTROS MEDIOS DE DISCERNIMIENTO:


Pero si tenemos señales indicadas en el Ritual para distinguir una verdadera posesión de una neurosis, con la cual –por otra parte- puede muy bien conjugarse ¿es posible que sea lo mismo para lo que acabamos de llamar “posesión colectiva”? es difícil decirlo. Estamos aquí librados a nuestras conjeturas. El Ritual no nos ofrece exorcismos para las Naciones ni para la humanidad entera.

Sin duda, el hecho de que un Papa tan inteligente como León XIII haya creído deber agregar a cada Misa privada un exorcismo caracterizado por su invocación a San Miguel, indica que él creía en infestaciones demoníacas particulares de nuestro tiempo.

¿Sobre qué fundaba este pensamiento? ¿Cómo discernir la presencia de Satán en el seno de nuestro mundo moderno? Todo el asunto está ahí.



Los escollos que hay que evitar en la solución que vamos a aportar:


1) El primero sería el de “ver tanto” a Satán por todas partes que las responsabilidades humanas queden arruinadas.

2) El segundo, de no ver a Satán por ninguna parte bajo el pretexto de que la malicia humana basta para explicar todos los desórdenes de los cuales somos testigos horrorizados.
Los demonios y los hombres pueden muy bien tener su parte en los males de los cuales nos quejamos, sea porque nos amenazan, sea porque ya nos han alcanzado.
Existe un Cuerpo Místico de Cristo y nos halagamos de formar parte de él, pero hay o puede haber también un cuerpo místico de Satán, que reúne a todas las inteligencias maléficas de la humanidad y del Infierno.

En un texto en el que el Breviario Romano hace leer a los reclutados en las Ordenes en el primer domingo de Cuaresma, Gregorio el Grande nos dice: “Indudablemente el Demonio es el Jefe de todos los malos «iniquorum» y todos los malos son los miembros de esa cabeza”, y cita como miembros de ese cuerpo diabólico: Pilatos, los verdugos que Crucificaron a Cristo, etc.

A ese paso existen pocos hombres -aún entre los cristianos- que no estén expuestos a ser una u otra vez miembros de Satán.

Pero el pecado que es retractado tan pronto como se le comete, el pecado del cual se sabe hacer penitencia, no constituye propiamente hablando una pertenencia de Satán, es un accidente, un paso en falso, una caída. No podría evitar que sigamos hacia adelante.

El cuerpo místico de Satán está formado por los humanos que se convierten en sus cómplices, que están prontos a seguir sus sugerencias, que viven de acuerdo a sus inspiraciones y sus principios.






COMO SE MANIFIESTA SATAN:


Abordemos el problema más ajustadamente ¿en que reconocemos sobre todo, la presencia de Satán? Es al Evangelio –fuente de toda claridad para nosotros- que conviene preguntárselo.

Jesucristo ha dicho sobre Satán cierta cantidad de cosas que debemos reunir y meditar.

Hablando a los fariseos que no cesaban de acosarlo, dijo un día: “vosotros tenéis por padre al Diablo, y deseáis cumplir los deseos de vuestro padre. El era homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando habla la mentira habla de su cosecha porque es mentiroso y padre de la mentira”.

Acaso esto ¿no está suficientemente claro? Si queremos saber cómo se manifiesta la presencia de Satán entre nosotros, tratemos de discernir las grandes mentiras de estos tiempos –por una parte- y los progresos logrados en el arte de matar a los hombres, por la otra.

Cuanto más esté embebida de mentiras una época, cuanto más sea tenida en menos, y sea aplastada la vida de los hombres bajo la amenaza de la muerte, más estará ahí Satán ¿Podemos dudar de estos dos puntos? LA MENTIRA Y EL HOMICIODIO: he ahí la presencia de Satán.
No corremos -pues- el riesgo de equivocarnos al afirmar esta “presencia” en el corazón de las principales mentiras y las principales amenazas de matanza que comprobamos en este momento.



LA MENTIRA POR EXCELENCIA: “Dios no existe”.


Si hay una mentira que ha adquirido ante nuestros ojos y en nuestra época una extensión que los siglos anteriores no conocieron, es la negación de Dios, a la cual podemos agregar, como sombra que sigue a una personalidad viviente, la negación del Diablo.
Durante largos siglos, el Demonio -en las religiones paganas- había conseguido hacerse adorar bajo los nombres de falsos dioses pero la creencia en Dios no estaba atacada, de acuerdo con las palabras de San Pablo a los atenienses: “sois –lo veo- los más religiosos de los hombres”, adoraban -en efecto- a tantos dioses, y hasta a un Dios desconocido por miedo de olvidarse de alguno.
Pero en nuestros días el ateísmo se afirma, se proclama con un aire despectivo hacia la fe en Dios; cierta filosofía se vanagloría de creer en la nada “antes que en el ser o en hacer salir al ser de la nada, de suerte que la nada ha precedido y engendrado el ser”.

En el ateísmo contemporáneo que denunciamos como el embuste más colosal, el más odioso, el más culpable, podemos distinguir dos formas desigualmente graves:

1) el ateísmo teórico: el del materialismo, del cientificismo, del agnosticismo, de cierto existencialismo.
2) el ateísmo práctico: el del hombre dedicado por entero a los negocios, a los bienes de este mundo, a los cálculos de la política, de las finanzas e incluso a las investigaciones de la Ciencia y a las invenciones de la técnica, al punto de no dar ningún lugar a Dios en su vida.

El ateísmo teórico se halla, en muchos países en nuestros días, en la primera fila del poder y de la autoridad ¿es necesario nombrar tal o cual pueblo, tal o cual gobierno, tal o cual conductor de Nación, para los cuales el ateísmo teórico es la ley misma? ¿La posesión colectiva de estos pueblos puede ser objeto de duda?

Esto comenzó por escritores aislados por “libertinos”, como se decía en el siglo XVII, “filósofos” como se les llamaba en el siglo XVIII, “libres pensadores” como se dice en nuestros días. Algunos han hallado aceptos más conmovedores para proclamar su incredulidad; se cita frecuentemente una página de Nietzsche que pone –a decir verdad- en boca de un loco; tiene razón, pero ese loco –era quizá- un simple poseso: “¿Dónde está Dios?” gritaba. Voy a decíroslo: “Lo hemos matado vosotros y yo. Todos somos sus asesinos ¿pero cómo hemos hecho esto? ¿Cómo hemos podido beber el Océano? ¿Quién nos ha dado la esponja con la cual hemos borrado todo el Horizonte? ¿Qué hemos hecho al separar a esta tierra de su Sol? ¿A dónde va ahora, a donde vamos vosotros, lejos de todos los soles? ¿No caeremos ahora en una cadena ininterrumpida por atrás, de costado, para delante, para todos lados? ¿Hay todavía un «arriba» y un «abajo»? ¿No vagamos a través de una nada infinita? ¿No sentimos el soplo de la inmensidad vacía? ¿No hace más frío?, la noche ¿No se hace más negra? ¿No es necesario encender faroles en pleno medio día? ¿No oís ya el ruido de los enterradores que llevan a Dios a la tierra? ¿No sentís ya el olor de la podredumbre de Dios?, porque los dioses también se pudre: Dios está muerto. Dios permanecerá muerto y nosotros lo hemos matado…”

En estas palabras ¿qué acento de pesar, de remordimiento, de ira, de temor? ¡Ninguna duda que es éste el embuste por excelencia, la mentira de mentiras!

Decir que Dios no existe es como decir que el ser no existe.
El Nombre de El es –en efecto- Aquel que ES. De acuerdo con las palabras de Víctor Hugo: “ES, ES, ES ENLOQUECIDAMENTE”.

Ahora bien, ante nuestros ojos grandes pueblos están sometidos a ateos que hacen profesión de ateísmo, que se ríen de la fe, que niegan todo lo que supera las comprobaciones de la ciencia tal como ellos la comprenden –es decir- haciendo contingencias de lo absoluto. Es para preguntarse si alguno de estos amos del mundo, de nuestro mundo que se ha tornado tan pequeño por el acrecentamiento rápido de los medios de comunicación ¿no son lisa y llanamente tenientes de Satán en persona, y hasta médiums de Satán?





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